- Por el Becario
La película española de esta semana (siempre hay una como mínimo) es Puente de Varsovia de Pere Portabella y protagonizada por Carmen Elías y Francisco Guijar.
En palabras de la cartelera de Yahoo (que es el único sitio de donde puedo sacar algo de información sobre ella):
Puente de Varsovia esta fechado en 1989, el año de la caída del Muro de Berlín. Si el look predominante en Nocturno 29 era el de la alta burguesía sesentista, en Puente de Varsovia refulgen las imágenes de la nueva intelectualidad y de la amnésica clase política progresista europea. Pero bajo la superficie reluciente de eventos socioculturales espectaculares y de vida frívola en la Europa feliz se tensan las memorias de fracturas y cataclismos personales e históricos. Filmada con la misma pulcritud que el cine comercial coetáneo, Puente de Varsovia hace estallar el argumento en los mil fragmentos de un paisaje europeo roto por el retorno de la Historia. No resulta extraño que Godard rubricase dos años después un filme hermano, Alemania nueve cero, explícitamente heredero del Alemania año cero de Rossellini en la posguerra europea de 1947.
Apasionante. Y en Film Affinity ni aparece...
Bueno, sólo aportar algunos datos del director. Adjunto su filmografía:
Nocturno 29 (1968) - Recaudación: 3.107,27 € (sí, es correcto,. del Ministerio, vamos)
El resto son documentales y ¿ensayos? que no tienen recaudación ni oficio ni beneficio. Pero eso sí, participó en "Hay Motivo", el documental ese que se hizo contra el PP.
Esto nos lleva a pensar su posible afiliación política y (aunque lo que viene a continuación puede ser una mera suposición) es posible que justifique los 17.532,37 € que según el Ministerio de Cultura lleva recaudados la película que se estrena hoy (¿cobraron por ir al preestreno o ya falseamos los datos de taquilla en cuanto la estrenamos, no sea que luego se nos olvide?)
En cualquier caso, se ha convertido en el mayor éxito de su carrera de largo.
viernes, 25 de julio de 2008
miércoles, 23 de julio de 2008
El Comentario de la Semana
Por El Pensador Redondín.-
Aunque breve, no podíamos dejar pasar esta semana los comentarios de David Trueba (insigne escritor del también insigne cine español) en el estreno de su libro (el tercero, y que conste que los dos anteriores los he leído y aunque el primero no me gustó, el segundo sí). Habla sobre cine porque se supone que va de director y dice: "Spielberg ha hecho mucho daño al cine".
Efectivamente estoy de acuerdo por completo. Todos recordamos el cine antes de Spielberg (por poner una fecha que aclare a la gente de qué hablamos: el cine anterior a 1972). El cine español estaba en su momento álgido con un Berlanga, un Bardem y un Buñuel en la cima de sus posibilidades artísticas mientras que un Esteso, un Pajares y un Ozores lo estaban en la de sus capacidades económicas. El cine extranjero, llegaba a España, pero sus dramas y películas del Oeste, si bien, "rivalizaban" en calidad de factura, no lo hacían en beneficios. Y en eso llega Spielberg y estrena Tiburón. La gente va al cine a ver un espectáculo y le gusta. Sí, está la tele y esas cosas, pero no se siente lo mismo y, desde luego, el bichejo impone...
Como a lo bueno te acostumbras, la gente fue incapaz de volver a ver "Pepito piscinas" sin echar de menos al tiburón zampándoselo o al menos que la cámara hiciese un travelling que siguiese al protagonista y eso obligó a los americanos a cambiar de rollo (la acción se volvió acción de verdad porque al fin la cámara se movía) y, en el caso de los españoles, a enconarse en un tipo de cine patrio que derivó en una copia de los autores europeos de los 70 (más asequibles y cómodos de plagiar porque sus cámaras apenas hacían paneos cutres, eso sí, llenos de intensidad y significado), lo que fue llevando al cine español hacia los derroteros actuales.
La cuestión es: ¿La culpa la tiene Spielberg o la gentuza que entonces y ahora sigue pensando como Trueba? (Uy, he dicho Trueba).
NOTA: Para los que crean que no fue así, un botón: la generación que surgió a partir de finales de los 70 es la de Garci, García-Sánchez, Aranda y compañía… Vamos, los directores de principios de los 80. Hale, ahora que alguien me venga y me diga que no es verdad.
Aunque breve, no podíamos dejar pasar esta semana los comentarios de David Trueba (insigne escritor del también insigne cine español) en el estreno de su libro (el tercero, y que conste que los dos anteriores los he leído y aunque el primero no me gustó, el segundo sí). Habla sobre cine porque se supone que va de director y dice: "Spielberg ha hecho mucho daño al cine".
Efectivamente estoy de acuerdo por completo. Todos recordamos el cine antes de Spielberg (por poner una fecha que aclare a la gente de qué hablamos: el cine anterior a 1972). El cine español estaba en su momento álgido con un Berlanga, un Bardem y un Buñuel en la cima de sus posibilidades artísticas mientras que un Esteso, un Pajares y un Ozores lo estaban en la de sus capacidades económicas. El cine extranjero, llegaba a España, pero sus dramas y películas del Oeste, si bien, "rivalizaban" en calidad de factura, no lo hacían en beneficios. Y en eso llega Spielberg y estrena Tiburón. La gente va al cine a ver un espectáculo y le gusta. Sí, está la tele y esas cosas, pero no se siente lo mismo y, desde luego, el bichejo impone...
Como a lo bueno te acostumbras, la gente fue incapaz de volver a ver "Pepito piscinas" sin echar de menos al tiburón zampándoselo o al menos que la cámara hiciese un travelling que siguiese al protagonista y eso obligó a los americanos a cambiar de rollo (la acción se volvió acción de verdad porque al fin la cámara se movía) y, en el caso de los españoles, a enconarse en un tipo de cine patrio que derivó en una copia de los autores europeos de los 70 (más asequibles y cómodos de plagiar porque sus cámaras apenas hacían paneos cutres, eso sí, llenos de intensidad y significado), lo que fue llevando al cine español hacia los derroteros actuales.
La cuestión es: ¿La culpa la tiene Spielberg o la gentuza que entonces y ahora sigue pensando como Trueba? (Uy, he dicho Trueba).
NOTA: Para los que crean que no fue así, un botón: la generación que surgió a partir de finales de los 70 es la de Garci, García-Sánchez, Aranda y compañía… Vamos, los directores de principios de los 80. Hale, ahora que alguien me venga y me diga que no es verdad.
domingo, 20 de julio de 2008
La Entrevista (falsa) de la semana
Entrevista a Antonio Resines
Por El Jefe de Todo Esto.-
Como todos sabemos (y si no, ya os lo cuento ahora), esta semana ha podido verse en nuestro país el final de la serie Los Serrano. Una serie que se ha convertido en referencia de todo lo bueno y lo malo que nuestra patria puede llegar a hacer en el terreno audiovisual. Aunque parezca duro, y ahora tras tantos años de vida, todos se lancen a criticar este comentario, cuando comenzó no dejaba de ser más de lo mismo: Una vuelta a los esquemas de "Médico de Familia" (hora y pico de duración, comedia con toques dramáticos y análisis de relaciones paterno-filiales de tres al cuarto con abuelos que pululan por ahí para cubrir todos los targets), pero con la mala leche de un Antonio Resines que, como suele ser habitual, es incontrolable como actor y más grande que la propia cámara por lo que consiguió salirse de la bondad habitual de su predecesora (que ya había superado la bondad habitual de "La hora de Bil Cosby, a la que ésta plagiaba directamente).
Entre los actores también destacaban los dos protagonistas adolescentes: Pereza (Perdón: Perea) y Verónica Sánchez. El primero por ser un ente melancólico y triste que nos envolvía en su aura de pereza constante y la segunda por lo buena que estaba (sólo en el caso de la segunda los valores descritos podrán permitirle tener carrera en el cine español ya que está lleno de viejos verdes dirigiendo, el primero que se conforme con hacer cosas como "El Camino de los Ingleses una vez cada dos años, o que saque otro disco o lo que sea, pero que no moleste).
El caso es que, con los años, la serie fue evolucionando, los personajes cambiando, los guiones repitiéndose día tras día hasta el punto de que, cuando Pereza (perdón: Perea) y la Sánchez abandonaron, cansados de repetir las mismas líneas de diálogo una y otra vez, a nadie le avergonzó coger a los niños de la siguiente generación y repetir las mismas historias con ellos. O cuando en un rocambolesco intento de justificar que Belén Rueda, cuando se creyó que podía hacer carrera en el cine patrio, se fuese (para luego encontrarse que no existe tal cine y haber hecho dos películas y ahora estar buscándose las castañas).
El caso es que, con los años, la que fue una de las series de mayor audiencia, fue cambiando, evolucionando, empeorando, repitiéndose y la audiencia seguía viéndola (porque así somos en este país) aunque fuese para decir lo mala que era.
Y en estas llegamos al cierre en el que deciden que el personaje de Resines se suicide y se despierte comprobando que todo ha sido un sueño y que Belén Rueda sigue a su lado (¿dónde va a irse, si no hay películas que hacer en nuestro país?), tirando así 8 años de dires y diretes (o como se diga) a la basura - total, para que nada de lo que me han enseñado sea verdad, ¿para qué se han gastado el dinero y ocho años en enseñármelo?-)
Por ello y porque uno de nuestros grandes actores vuelve a estar libre para trabajar en el cine, le dedicamos esta entrevista falsa a Antonio Resines.
QMEECE - Buenos días, Antonio. ¿Cómo te sientes? ¿Liberado tras tantos años de trabajo diario en televisión? ¿Con ganas de afrontar nuevos retos profesionales ya sea en el cine o en la tele?
Antonio Resines - Lo primero, antes de comenzar, quería felicitarte por esta página. Es increíble que tú y tu equipo escribáis para que no os lea nadie y que consigas que no vengan ni actores ni directores, pero aún así les entrevistas.
QMEECE - Ya, cosas de la vida: Esta página se escribe y no la lee nadie, vuestra serie no tenía nadie que la escribiese y sin embargo sí que la veía gente.
AR - Gran verdad, gran verdad... Respecto a tu pregunta. Sobre todo me siento eso: liberado. Mira, a estas alturas no tengo que engañar a nadie: Soy un vago. Un vago de tomo y lomo. Me gusta actuar, claro, es lo único que se hacer, y recuerdo un tiempo, cuando era más pardillo, que aún tenía que seguir unas órdenes o tenía ciertas obligaciones, pero el tiempo me permite que ahora haga lo que me dé la gana y de actuar... La gente quiere a Antonio Resines, ¿para qué voy a interpretar otro papel?
QMEECE - La verdad es que eso no responde mucho a mi pregunta... Seré directo: ¿A continuación qué vas a hacer cine o tele?
AR - Pues mira, como he dicho, lo primero descansar, que han sido muchos años de levantarme todos los días para currar y, aunque me haya levantado una pasta por la mierda esta, lo cierto es que era cansada de cojones. Ups. Lo siento.
QMEECE - Nada, nada. SI no nos lee nadie...
AR - Luego intentaré volver al cine por dos razones: Porque son proyectos cortos en los que te pagan bien y porque en la tele, si quisiera volver a otra serie, ya tendría que trabajar aprendiéndome el nombre de quien soy, o a qué me dedico... En Los Serrano me costó mucho eso, menos mal que al final ya ni importaba y podía hacer lo que me daba la gana, pero en conseguir eso se tarda casi un año y es agotador, día tras día, tener que aprenderte cómo se llama tu personaje.
QMEECE - Por no hablar del guión...
AR - ¿Qué guión? Ése es mío. Yo sigo MI método de actuación. Me aprendo el nombre (con apellidos) y a qué se dedica. Lo repito diez o veinte veces para no olvidarlo durante la escena y salgo a actuar. Yo escribo mis propias líneas sobre la marcha que es como mejor se me da esto.
QMEECE - Pero... ¿Y el resto de los actores? ¿Cómo saben cuándo tienen que intervenir?
AR - ¿Qué resto de los actores? Ah, claro... No, no hay problema. Quizá al principio sí, peor luego ellos prefieren mi método y todo resulta sencillo como en Los Serrano... Todo consiste en que, si tienen algo que decir, griten más que yo y metan sus cuñas. Eso lo hace todo mucho más natural de cara al público. Y un actor, debe deberse a su público, siempre.
QMEECE - Ya, ya veo. Yo es que me parto. Entonces cine... ¿Y algún proyecto en claro?
AR - Aún no. Es curioso porque desde que no hago cine el panorama español no ha cambiado mucho... Me han llamado para hacer tres o cuatro pelis del tipo La Buena Estrella (eso sí, todas de autores nuevos, excepto una de Montxo Armendáriz) y luego mucha comedieta española que está de moda y que me recuerdan a las que hacía en mis tiempos mozos con Veronica Forqué (por cierto, ¿qué habrá sido de ella? Voy a llamarla y a ver si hacemos otra de esas películas como si no hubiese pasado el tiempo).
QMEECE - Bueno, es o tiene su explicación. Películas como La Buena Estrella dan mucho prestigio al director (Que suele ser guionista también) y no cuestan dos duros por lo que el productor se lleva casi todas las subvenciones (Montos ALmenáriz lo sabe y sólo hace películas de ese tipo, que también produce, claro). Y las comedietas no es que estén de moda, es que es lo único que compran las televisiones porque el formato es muy similar al de una serie así que, como ponen dinero por adelantado, pues es lo que se hace. Pero, vamos, que todo da el mismo dinero, o sea: poco.
AR - Vaya, como soy tan vago no leo lo suficiente para hacer una reflexión así... En cualquier caso, a los actores les siguen pagando, ¿no?
QMEECE - Sí, eso sí. Y a los que no son actores (que son la mayoría de los que aparecen en nuestro cine).
AR - Bueno, pues con eso me basta. Si yo lo que quiero es no tener que esforzarme mucho e, incluso a lo mejor me lanzo a dirigir como hizo mi querido Bonilla.
QMEECE - Ah, si ya recuerdo, qué película más mala esa del Oro de Moscú.
AR - Sí, pero ahí está, que le llueven ofertas para dirigir de nuevo, e incluso se está planteando una segunda parte...
QMEECE - ¿Se está planteando? ¿No debería planteársela un productor avispado en lugar de él mismo?
AR - No. Si se lo propone un productor seguramente le diría que no. No nos vendemos. Somos artistas y hacemos lo que queremos. Y si queremos hacer segundas partes es porque nos apetece. ¿Por qué lo haríamos si no? Para sufrir ya está el calvario...
QMEECE - Qué mierda es el cine español....
AR - Pues la tele, ni te cuento. Sólo hay que ver cómo hemos terminado Los Serrano…
Por El Jefe de Todo Esto.-
Como todos sabemos (y si no, ya os lo cuento ahora), esta semana ha podido verse en nuestro país el final de la serie Los Serrano. Una serie que se ha convertido en referencia de todo lo bueno y lo malo que nuestra patria puede llegar a hacer en el terreno audiovisual. Aunque parezca duro, y ahora tras tantos años de vida, todos se lancen a criticar este comentario, cuando comenzó no dejaba de ser más de lo mismo: Una vuelta a los esquemas de "Médico de Familia" (hora y pico de duración, comedia con toques dramáticos y análisis de relaciones paterno-filiales de tres al cuarto con abuelos que pululan por ahí para cubrir todos los targets), pero con la mala leche de un Antonio Resines que, como suele ser habitual, es incontrolable como actor y más grande que la propia cámara por lo que consiguió salirse de la bondad habitual de su predecesora (que ya había superado la bondad habitual de "La hora de Bil Cosby, a la que ésta plagiaba directamente).
Entre los actores también destacaban los dos protagonistas adolescentes: Pereza (Perdón: Perea) y Verónica Sánchez. El primero por ser un ente melancólico y triste que nos envolvía en su aura de pereza constante y la segunda por lo buena que estaba (sólo en el caso de la segunda los valores descritos podrán permitirle tener carrera en el cine español ya que está lleno de viejos verdes dirigiendo, el primero que se conforme con hacer cosas como "El Camino de los Ingleses una vez cada dos años, o que saque otro disco o lo que sea, pero que no moleste).
El caso es que, con los años, la serie fue evolucionando, los personajes cambiando, los guiones repitiéndose día tras día hasta el punto de que, cuando Pereza (perdón: Perea) y la Sánchez abandonaron, cansados de repetir las mismas líneas de diálogo una y otra vez, a nadie le avergonzó coger a los niños de la siguiente generación y repetir las mismas historias con ellos. O cuando en un rocambolesco intento de justificar que Belén Rueda, cuando se creyó que podía hacer carrera en el cine patrio, se fuese (para luego encontrarse que no existe tal cine y haber hecho dos películas y ahora estar buscándose las castañas).
El caso es que, con los años, la que fue una de las series de mayor audiencia, fue cambiando, evolucionando, empeorando, repitiéndose y la audiencia seguía viéndola (porque así somos en este país) aunque fuese para decir lo mala que era.
Y en estas llegamos al cierre en el que deciden que el personaje de Resines se suicide y se despierte comprobando que todo ha sido un sueño y que Belén Rueda sigue a su lado (¿dónde va a irse, si no hay películas que hacer en nuestro país?), tirando así 8 años de dires y diretes (o como se diga) a la basura - total, para que nada de lo que me han enseñado sea verdad, ¿para qué se han gastado el dinero y ocho años en enseñármelo?-)
Por ello y porque uno de nuestros grandes actores vuelve a estar libre para trabajar en el cine, le dedicamos esta entrevista falsa a Antonio Resines.
QMEECE - Buenos días, Antonio. ¿Cómo te sientes? ¿Liberado tras tantos años de trabajo diario en televisión? ¿Con ganas de afrontar nuevos retos profesionales ya sea en el cine o en la tele?
Antonio Resines - Lo primero, antes de comenzar, quería felicitarte por esta página. Es increíble que tú y tu equipo escribáis para que no os lea nadie y que consigas que no vengan ni actores ni directores, pero aún así les entrevistas.
QMEECE - Ya, cosas de la vida: Esta página se escribe y no la lee nadie, vuestra serie no tenía nadie que la escribiese y sin embargo sí que la veía gente.
AR - Gran verdad, gran verdad... Respecto a tu pregunta. Sobre todo me siento eso: liberado. Mira, a estas alturas no tengo que engañar a nadie: Soy un vago. Un vago de tomo y lomo. Me gusta actuar, claro, es lo único que se hacer, y recuerdo un tiempo, cuando era más pardillo, que aún tenía que seguir unas órdenes o tenía ciertas obligaciones, pero el tiempo me permite que ahora haga lo que me dé la gana y de actuar... La gente quiere a Antonio Resines, ¿para qué voy a interpretar otro papel?
QMEECE - La verdad es que eso no responde mucho a mi pregunta... Seré directo: ¿A continuación qué vas a hacer cine o tele?
AR - Pues mira, como he dicho, lo primero descansar, que han sido muchos años de levantarme todos los días para currar y, aunque me haya levantado una pasta por la mierda esta, lo cierto es que era cansada de cojones. Ups. Lo siento.
QMEECE - Nada, nada. SI no nos lee nadie...
AR - Luego intentaré volver al cine por dos razones: Porque son proyectos cortos en los que te pagan bien y porque en la tele, si quisiera volver a otra serie, ya tendría que trabajar aprendiéndome el nombre de quien soy, o a qué me dedico... En Los Serrano me costó mucho eso, menos mal que al final ya ni importaba y podía hacer lo que me daba la gana, pero en conseguir eso se tarda casi un año y es agotador, día tras día, tener que aprenderte cómo se llama tu personaje.
QMEECE - Por no hablar del guión...
AR - ¿Qué guión? Ése es mío. Yo sigo MI método de actuación. Me aprendo el nombre (con apellidos) y a qué se dedica. Lo repito diez o veinte veces para no olvidarlo durante la escena y salgo a actuar. Yo escribo mis propias líneas sobre la marcha que es como mejor se me da esto.
QMEECE - Pero... ¿Y el resto de los actores? ¿Cómo saben cuándo tienen que intervenir?
AR - ¿Qué resto de los actores? Ah, claro... No, no hay problema. Quizá al principio sí, peor luego ellos prefieren mi método y todo resulta sencillo como en Los Serrano... Todo consiste en que, si tienen algo que decir, griten más que yo y metan sus cuñas. Eso lo hace todo mucho más natural de cara al público. Y un actor, debe deberse a su público, siempre.
QMEECE - Ya, ya veo. Yo es que me parto. Entonces cine... ¿Y algún proyecto en claro?
AR - Aún no. Es curioso porque desde que no hago cine el panorama español no ha cambiado mucho... Me han llamado para hacer tres o cuatro pelis del tipo La Buena Estrella (eso sí, todas de autores nuevos, excepto una de Montxo Armendáriz) y luego mucha comedieta española que está de moda y que me recuerdan a las que hacía en mis tiempos mozos con Veronica Forqué (por cierto, ¿qué habrá sido de ella? Voy a llamarla y a ver si hacemos otra de esas películas como si no hubiese pasado el tiempo).
QMEECE - Bueno, es o tiene su explicación. Películas como La Buena Estrella dan mucho prestigio al director (Que suele ser guionista también) y no cuestan dos duros por lo que el productor se lleva casi todas las subvenciones (Montos ALmenáriz lo sabe y sólo hace películas de ese tipo, que también produce, claro). Y las comedietas no es que estén de moda, es que es lo único que compran las televisiones porque el formato es muy similar al de una serie así que, como ponen dinero por adelantado, pues es lo que se hace. Pero, vamos, que todo da el mismo dinero, o sea: poco.
AR - Vaya, como soy tan vago no leo lo suficiente para hacer una reflexión así... En cualquier caso, a los actores les siguen pagando, ¿no?
QMEECE - Sí, eso sí. Y a los que no son actores (que son la mayoría de los que aparecen en nuestro cine).
AR - Bueno, pues con eso me basta. Si yo lo que quiero es no tener que esforzarme mucho e, incluso a lo mejor me lanzo a dirigir como hizo mi querido Bonilla.
QMEECE - Ah, si ya recuerdo, qué película más mala esa del Oro de Moscú.
AR - Sí, pero ahí está, que le llueven ofertas para dirigir de nuevo, e incluso se está planteando una segunda parte...
QMEECE - ¿Se está planteando? ¿No debería planteársela un productor avispado en lugar de él mismo?
AR - No. Si se lo propone un productor seguramente le diría que no. No nos vendemos. Somos artistas y hacemos lo que queremos. Y si queremos hacer segundas partes es porque nos apetece. ¿Por qué lo haríamos si no? Para sufrir ya está el calvario...
QMEECE - Qué mierda es el cine español....
AR - Pues la tele, ni te cuento. Sólo hay que ver cómo hemos terminado Los Serrano…
lunes, 15 de octubre de 2007
Crítica - El Orfanato
El Orfanato
Por el Sufridor en Casa.-
A estas alturas, es indudable que “El Orfanato” va a ser la película española del año. No por su calidad (que la tiene) sino por la recaudación que va a hacer en su primera semana (cuando escribo esto, como suele ocurrir, podría decir cuánto ha hecho hasta la última película en la taquilla americana, pero no se sabe nada de la española). En cualquier caso, siempre será una pena porque ha habido otras mejores, pero ninguna con tanta repercusión en los medios. Y es que “El Orfanato”, al igual que ocurrió en su estreno con “Caótica Ana” es la película que todo el mundo quiere ver. Con la diferencia de que ésta sí que la verán (la otra muchos lo decían de boquilla).
Pero vamos al tajo: La película, como siempre en este género (el de las películas nacidas a raíz de “El Sexto Sentido”) sueñe ocurrir, cuenta con los elementos clásicos: Un lugar con pasado sórdido, protagonistas que vuelven a él tras años de abandono, estancias oscuras y misteriosas llenas de ruidos extraños, un niño que dice ver “personas” que nadie más ve… Vamos, que si lo dejo aquí hasta el más tonto saca al menos diez posibles títulos. Pero al contrario que casi todas, es rompedora en algo: Si siempre el planteamiento es bueno y la resolución es mala, ésta es la primera vez que ocurre al contrario: el planteamiento es malo y el final está bastante bien conseguido, aunque no tenga mucho que ver con el estilo del resto de la película.
Lo cierto es que a nadie se le escapa que éste es un género difícil. Más que por la necesidad de tener que crear cierta tensión en el espectador (desde luego que es tensión y no miedo, si tuviese que recordar cuánto hace que no veo una película de miedo de verdad, me moriría del asco) ya que, gracias precisamente a “El Sexto Sentido”, se acabó esa necesidad de tener que resolver las escenas, simplemente pones una sombra extraña que hace ruidos más extraños todavía, un personaje que se acerca para tratar de descubrir de qué se trata realmente en un primerísimo plano y luego un ruido que pega el susto, pero nada visible porque si enseñasen lo que supuestamente ve el protagonista sin duda nos decepcionaría. ¿Cruel? ¿Qué es peor, no ver al supuesto niño con el que habla el hijo de Belén Rueda en la cueva o ver al niño del saco en la cabeza para ocultar una deformidad que, encima, cuando la ves te parece que es menos mala que el propio saco?
Respecto al equipo, ¿qué decir que no se haya dicho ya? Ninguno destaca por hacerlo realmente bien. Fernando Calvo, que hace de padre, apenas tiene carisma, el niño pasa sin pena ni gloria y como desaparece a mitad de la película ya ni le recuerdas (a parte de que lo agradeces porque su tono de voz espanta a los propios fantasmas de la casa) y Belén Rueda, que todo el mundo coincide en que hace un papelón, está decente hasta que tiene que rodar la escena final (no, no la del cuento, la anterior) y vemos cuán triste puede llegar a ser ver actuar a un actor que no se cree ni sabe lo que está haciendo en la pantalla. Y es precisamente ahí donde nos damos cuenta de que quizá no sea culpa de ella, sino del propio director Juan Antonio Bayona que comete diversos errores de director novato (yo ya había visto su famoso corto de El Hombre Esponja, que era excesivamente largo pero o estaba del todo mal). Y no es que no sepa dirigir, sino que aún no ha aprendido a confeccionar las escenas y, como muestra, un botón: Los planos cortos hacen que los actores cojan teléfonos o hablen en posturas imposibles, pero incluso en los largos ocurre y cuando el niño desaparece, esa necesidad de meterlo todo en pantalla nos obliga a ver cómo un guardia civil apunta con su linterna a un árbol, como si el niño desaparecido hace horas no tuviese otra cosa que hacer que camuflarse entre unas ramas más bien escasas). En definitiva, bastante cutre todo, si exceptuamos la resolución, que hace que quede un buen sabor de boca y, sin duda, hará que no caiga del todo en la taquilla, al menos entre la mediana edad que no vaya buscando simplemente el susto fácil.
Y para aquellos que me consideran demasiado crítico, ahora añadiré que, sin embargo, de factura (producción, banda sonora, fotografía) la película sí destaca y mucho sobre lo que se hace habitualmente, pero sería difícil que no ocurriese eso ya que si en los créditos leemos la cantidad de empresas e instituciones que han aportado millones y millones de euros para una película que transcurre en un caserón y una cala desierta, comprenderemos que, por mucho dinero que se hayan embolsado por la cara los productores, siempre les sobró lo suficiente como para que no quede cutre la película. Y eso es algo que ya es más de lo que suele ocurrir en nuestro cine.
Por el Sufridor en Casa.-
A estas alturas, es indudable que “El Orfanato” va a ser la película española del año. No por su calidad (que la tiene) sino por la recaudación que va a hacer en su primera semana (cuando escribo esto, como suele ocurrir, podría decir cuánto ha hecho hasta la última película en la taquilla americana, pero no se sabe nada de la española). En cualquier caso, siempre será una pena porque ha habido otras mejores, pero ninguna con tanta repercusión en los medios. Y es que “El Orfanato”, al igual que ocurrió en su estreno con “Caótica Ana” es la película que todo el mundo quiere ver. Con la diferencia de que ésta sí que la verán (la otra muchos lo decían de boquilla).
Pero vamos al tajo: La película, como siempre en este género (el de las películas nacidas a raíz de “El Sexto Sentido”) sueñe ocurrir, cuenta con los elementos clásicos: Un lugar con pasado sórdido, protagonistas que vuelven a él tras años de abandono, estancias oscuras y misteriosas llenas de ruidos extraños, un niño que dice ver “personas” que nadie más ve… Vamos, que si lo dejo aquí hasta el más tonto saca al menos diez posibles títulos. Pero al contrario que casi todas, es rompedora en algo: Si siempre el planteamiento es bueno y la resolución es mala, ésta es la primera vez que ocurre al contrario: el planteamiento es malo y el final está bastante bien conseguido, aunque no tenga mucho que ver con el estilo del resto de la película.
Lo cierto es que a nadie se le escapa que éste es un género difícil. Más que por la necesidad de tener que crear cierta tensión en el espectador (desde luego que es tensión y no miedo, si tuviese que recordar cuánto hace que no veo una película de miedo de verdad, me moriría del asco) ya que, gracias precisamente a “El Sexto Sentido”, se acabó esa necesidad de tener que resolver las escenas, simplemente pones una sombra extraña que hace ruidos más extraños todavía, un personaje que se acerca para tratar de descubrir de qué se trata realmente en un primerísimo plano y luego un ruido que pega el susto, pero nada visible porque si enseñasen lo que supuestamente ve el protagonista sin duda nos decepcionaría. ¿Cruel? ¿Qué es peor, no ver al supuesto niño con el que habla el hijo de Belén Rueda en la cueva o ver al niño del saco en la cabeza para ocultar una deformidad que, encima, cuando la ves te parece que es menos mala que el propio saco?
Respecto al equipo, ¿qué decir que no se haya dicho ya? Ninguno destaca por hacerlo realmente bien. Fernando Calvo, que hace de padre, apenas tiene carisma, el niño pasa sin pena ni gloria y como desaparece a mitad de la película ya ni le recuerdas (a parte de que lo agradeces porque su tono de voz espanta a los propios fantasmas de la casa) y Belén Rueda, que todo el mundo coincide en que hace un papelón, está decente hasta que tiene que rodar la escena final (no, no la del cuento, la anterior) y vemos cuán triste puede llegar a ser ver actuar a un actor que no se cree ni sabe lo que está haciendo en la pantalla. Y es precisamente ahí donde nos damos cuenta de que quizá no sea culpa de ella, sino del propio director Juan Antonio Bayona que comete diversos errores de director novato (yo ya había visto su famoso corto de El Hombre Esponja, que era excesivamente largo pero o estaba del todo mal). Y no es que no sepa dirigir, sino que aún no ha aprendido a confeccionar las escenas y, como muestra, un botón: Los planos cortos hacen que los actores cojan teléfonos o hablen en posturas imposibles, pero incluso en los largos ocurre y cuando el niño desaparece, esa necesidad de meterlo todo en pantalla nos obliga a ver cómo un guardia civil apunta con su linterna a un árbol, como si el niño desaparecido hace horas no tuviese otra cosa que hacer que camuflarse entre unas ramas más bien escasas). En definitiva, bastante cutre todo, si exceptuamos la resolución, que hace que quede un buen sabor de boca y, sin duda, hará que no caiga del todo en la taquilla, al menos entre la mediana edad que no vaya buscando simplemente el susto fácil.
Y para aquellos que me consideran demasiado crítico, ahora añadiré que, sin embargo, de factura (producción, banda sonora, fotografía) la película sí destaca y mucho sobre lo que se hace habitualmente, pero sería difícil que no ocurriese eso ya que si en los créditos leemos la cantidad de empresas e instituciones que han aportado millones y millones de euros para una película que transcurre en un caserón y una cala desierta, comprenderemos que, por mucho dinero que se hayan embolsado por la cara los productores, siempre les sobró lo suficiente como para que no quede cutre la película. Y eso es algo que ya es más de lo que suele ocurrir en nuestro cine.
viernes, 12 de octubre de 2007
Estrenos de la semana 11 al 14 de octubre
Por El Jefe de Todo Esto.-
Entre los estrenos patrios de la semana sólo encontramos "El Orfanato". Parece ser que, como suele ocurrir con este tipo de películas españolas (las de pasar miedo con escenas de mucha tensión pero que jamás se resuelven de buena manera) son las que más popularidad tienen entre el público. Al menos desde que Amenabar y algunos otros "jóvenes talentos" vieron "El Sexto Sentido" y decidieron que con poco dinero se podía hacer mucha taquilla.
En fin. ¿Más de lo mismo? Ya lo diré, porque ésta prometo verla...
Entre los estrenos patrios de la semana sólo encontramos "El Orfanato". Parece ser que, como suele ocurrir con este tipo de películas españolas (las de pasar miedo con escenas de mucha tensión pero que jamás se resuelven de buena manera) son las que más popularidad tienen entre el público. Al menos desde que Amenabar y algunos otros "jóvenes talentos" vieron "El Sexto Sentido" y decidieron que con poco dinero se podía hacer mucha taquilla.
En fin. ¿Más de lo mismo? Ya lo diré, porque ésta prometo verla...
lunes, 1 de octubre de 2007
La crítica de la semana - Mataharis
Por El Sufridor en Casa.-
Es curioso. A veces una película te hace recordar o sentir cosas que hacía tiempo que no sentías. Y en muchas ocasiones no es por el tema que tratan (en este caso la vida y obra de tres mujeres detective de diferentes edades y condiciones sociales), ni por la interpelación de ninguna de ellas (que están todas magnificas e incluso a Najwa Nimri se la entiende perfectamente, lo que ya es un logro en su carrera), sino por el trasfondo del que te hablan. Y eso es algo que Icíar Bollaín siempre ha sabido hacer muy bien.
Quizá, bien mirado, decir que “Mataharis” es una de las mejores películas españolas del año, tampoco es una novedad cuando el cine español está en una perpetua crisis en la que la gente busca el dinero fácil o el “artisteo” y el reconocimiento sin importar que crean realmente en las películas que están haciendo, pero en mi caso, lo que me gustó de ella fue precisamente algo que he echado mucho de menos a lo largo de los últimos tiempos o sólo en nuestro cine, sino en el cine en general: La normalidad.
Y es que hace años que no sentía que me contasen cómo vive gente corriente, con sus problemas y sus dificultades y cómo tratan de salir adelante a pesar de que muchas veces la verdad que les rodea les desengaña mientras vemos cómo otros se dan cuenta de que precisamente ha sido obviar esa verdad lo que les ha permitido ser mediocremente felices (la ignorancia del personaje al que su socio y su mujer le engañan y que, lejos de tener el cinematográfico arrebato de cólera, ni siquiera se atreve a hablarlo con su mujer) o el cariño que se tienen Najwa Nimri y Tristán Ulloa que les lleva a superar el engaño sin siquiera decirse apenas palabras. Son momentos de esos que hacen que jamás te arrepientas de seguir viendo películas.
Y es que considero que, en una página como ésta, en la que decir cosas como ésta podría considerarse una blasfemia, a veces tenemos que dejar sitio a la crítica positiva cuando se merece. A la normalidad cuando de verdad se trata como tal, no como una falsa “normalidad” que es a lo que estamos acostumbrados a ver normalmente con “Barrios”, “Princesas” o “Azules Oscuros Casi Negros”.
En mi caso, quizá me ha tocado un poco más allá, pero si un solo espectador sale del cine como salí yo y ha ido gracias a leer esto, ya me sentiré agradecido.
Es curioso. A veces una película te hace recordar o sentir cosas que hacía tiempo que no sentías. Y en muchas ocasiones no es por el tema que tratan (en este caso la vida y obra de tres mujeres detective de diferentes edades y condiciones sociales), ni por la interpelación de ninguna de ellas (que están todas magnificas e incluso a Najwa Nimri se la entiende perfectamente, lo que ya es un logro en su carrera), sino por el trasfondo del que te hablan. Y eso es algo que Icíar Bollaín siempre ha sabido hacer muy bien.
Quizá, bien mirado, decir que “Mataharis” es una de las mejores películas españolas del año, tampoco es una novedad cuando el cine español está en una perpetua crisis en la que la gente busca el dinero fácil o el “artisteo” y el reconocimiento sin importar que crean realmente en las películas que están haciendo, pero en mi caso, lo que me gustó de ella fue precisamente algo que he echado mucho de menos a lo largo de los últimos tiempos o sólo en nuestro cine, sino en el cine en general: La normalidad.
Y es que hace años que no sentía que me contasen cómo vive gente corriente, con sus problemas y sus dificultades y cómo tratan de salir adelante a pesar de que muchas veces la verdad que les rodea les desengaña mientras vemos cómo otros se dan cuenta de que precisamente ha sido obviar esa verdad lo que les ha permitido ser mediocremente felices (la ignorancia del personaje al que su socio y su mujer le engañan y que, lejos de tener el cinematográfico arrebato de cólera, ni siquiera se atreve a hablarlo con su mujer) o el cariño que se tienen Najwa Nimri y Tristán Ulloa que les lleva a superar el engaño sin siquiera decirse apenas palabras. Son momentos de esos que hacen que jamás te arrepientas de seguir viendo películas.
Y es que considero que, en una página como ésta, en la que decir cosas como ésta podría considerarse una blasfemia, a veces tenemos que dejar sitio a la crítica positiva cuando se merece. A la normalidad cuando de verdad se trata como tal, no como una falsa “normalidad” que es a lo que estamos acostumbrados a ver normalmente con “Barrios”, “Princesas” o “Azules Oscuros Casi Negros”.
En mi caso, quizá me ha tocado un poco más allá, pero si un solo espectador sale del cine como salí yo y ha ido gracias a leer esto, ya me sentiré agradecido.
¿Está resurgiendo el cine español?
Por El Pensador Redondín.-
Esta mañana estaba paseando por la redacción, tratando de pasar desapercibido para que nadie me encargase demasiado trabajo (es lunes, ya saben) cuando me encontré a mi jefe despotricando contra El Sufridor en Casa porque tras haber puesto bien una película como "En la Ciudad de Silvia" en el blog, ahora pretendía hacer algo parecido con "Mataharis", lo que en un blog titulado "Que mierda es el cine español", como que no.
El caso es que en esas me ha pillado y me ha encargado un artículo de fondo de los míos... En este caso, uno hablando sobre si es cierto que el cine español está dejando de ser tan malo como hasta ahora.
Por suerte, una pequeña reflexión ha servido para tirar por tierra todos sus miedos. Ya le advertí que lo que ocurre es algo habitual en un cine en el que, asustados por la envergadura (más bien calidad) de los estrenos americanos, tanto en Navidades (con las películas para niños), como en Primavera (por los Oscars) o en Verano (con los blockbusters), sólo deja a las películas que de verdad merecen la pena una época para estrenarse: precisamente ésta.
Por ello no es casualidad que soportando bodrios como "El Camino de los Ingleses" o la del "Trompetista bajo las estrellas" (sí, sé que no se llama así) ahora resulta que tenemos los esperados estrenos de calidad. Esto no quiere decir que sean estrenos que vayan a hacer mucho dinero (bueno, "El Orfanato" seguro que sí lo hace y la de Álex de la Iglesia también), pero al menos sí que son películas que merecen la pena. Lo triste es que normalmente de directores consagrados, es decir, que novedades pocas, más bien las películas de siempre, echas por la gente de siempre. Aunque al menos, eso sí, merecen la pena.
Dicho esto, que nadie se alarme, que si "Mataharis" está bien, "El Orfanato" (aunque me aventuro a asumir que va a ser un plagio sin disimulo de "Poltergeist" que nadie se atreverá a admitir) es entretenida o incluso la nueva de Gracia Querejeta (que aunque no levante emociones, es una directora que me encanta) es cine con mayúsculas. Dentro de nada nos llegarán cosas como "Las trece rosas" que nos harán recordar que el cine español fue grande. Y que, si bien, algún día lo será de nuevo, ahora deja bastante que desear.
Esta mañana estaba paseando por la redacción, tratando de pasar desapercibido para que nadie me encargase demasiado trabajo (es lunes, ya saben) cuando me encontré a mi jefe despotricando contra El Sufridor en Casa porque tras haber puesto bien una película como "En la Ciudad de Silvia" en el blog, ahora pretendía hacer algo parecido con "Mataharis", lo que en un blog titulado "Que mierda es el cine español", como que no.
El caso es que en esas me ha pillado y me ha encargado un artículo de fondo de los míos... En este caso, uno hablando sobre si es cierto que el cine español está dejando de ser tan malo como hasta ahora.
Por suerte, una pequeña reflexión ha servido para tirar por tierra todos sus miedos. Ya le advertí que lo que ocurre es algo habitual en un cine en el que, asustados por la envergadura (más bien calidad) de los estrenos americanos, tanto en Navidades (con las películas para niños), como en Primavera (por los Oscars) o en Verano (con los blockbusters), sólo deja a las películas que de verdad merecen la pena una época para estrenarse: precisamente ésta.
Por ello no es casualidad que soportando bodrios como "El Camino de los Ingleses" o la del "Trompetista bajo las estrellas" (sí, sé que no se llama así) ahora resulta que tenemos los esperados estrenos de calidad. Esto no quiere decir que sean estrenos que vayan a hacer mucho dinero (bueno, "El Orfanato" seguro que sí lo hace y la de Álex de la Iglesia también), pero al menos sí que son películas que merecen la pena. Lo triste es que normalmente de directores consagrados, es decir, que novedades pocas, más bien las películas de siempre, echas por la gente de siempre. Aunque al menos, eso sí, merecen la pena.
Dicho esto, que nadie se alarme, que si "Mataharis" está bien, "El Orfanato" (aunque me aventuro a asumir que va a ser un plagio sin disimulo de "Poltergeist" que nadie se atreverá a admitir) es entretenida o incluso la nueva de Gracia Querejeta (que aunque no levante emociones, es una directora que me encanta) es cine con mayúsculas. Dentro de nada nos llegarán cosas como "Las trece rosas" que nos harán recordar que el cine español fue grande. Y que, si bien, algún día lo será de nuevo, ahora deja bastante que desear.
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