Por El Sufridor en Casa.-
Es curioso. A veces una película te hace recordar o sentir cosas que hacía tiempo que no sentías. Y en muchas ocasiones no es por el tema que tratan (en este caso la vida y obra de tres mujeres detective de diferentes edades y condiciones sociales), ni por la interpelación de ninguna de ellas (que están todas magnificas e incluso a Najwa Nimri se la entiende perfectamente, lo que ya es un logro en su carrera), sino por el trasfondo del que te hablan. Y eso es algo que Icíar Bollaín siempre ha sabido hacer muy bien.
Quizá, bien mirado, decir que “Mataharis” es una de las mejores películas españolas del año, tampoco es una novedad cuando el cine español está en una perpetua crisis en la que la gente busca el dinero fácil o el “artisteo” y el reconocimiento sin importar que crean realmente en las películas que están haciendo, pero en mi caso, lo que me gustó de ella fue precisamente algo que he echado mucho de menos a lo largo de los últimos tiempos o sólo en nuestro cine, sino en el cine en general: La normalidad.
Y es que hace años que no sentía que me contasen cómo vive gente corriente, con sus problemas y sus dificultades y cómo tratan de salir adelante a pesar de que muchas veces la verdad que les rodea les desengaña mientras vemos cómo otros se dan cuenta de que precisamente ha sido obviar esa verdad lo que les ha permitido ser mediocremente felices (la ignorancia del personaje al que su socio y su mujer le engañan y que, lejos de tener el cinematográfico arrebato de cólera, ni siquiera se atreve a hablarlo con su mujer) o el cariño que se tienen Najwa Nimri y Tristán Ulloa que les lleva a superar el engaño sin siquiera decirse apenas palabras. Son momentos de esos que hacen que jamás te arrepientas de seguir viendo películas.
Y es que considero que, en una página como ésta, en la que decir cosas como ésta podría considerarse una blasfemia, a veces tenemos que dejar sitio a la crítica positiva cuando se merece. A la normalidad cuando de verdad se trata como tal, no como una falsa “normalidad” que es a lo que estamos acostumbrados a ver normalmente con “Barrios”, “Princesas” o “Azules Oscuros Casi Negros”.
En mi caso, quizá me ha tocado un poco más allá, pero si un solo espectador sale del cine como salí yo y ha ido gracias a leer esto, ya me sentiré agradecido.
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